El Gatopardo en San Telmo

De nuevo suenan tambores de adelanto electoral en Andalucía, fruto de la supuesta voluntad de Susana Díaz de aprovechar la coyuntura favorable para presentarse ante los electores con mayores posibilidades de ganar, una vez más, los comicios. Es el PSOE-A un “atleta” de esta disciplina, la convocatoria de elecciones a la carta, y responde siempre a la necesidad de enmascarar las carencias del proyecto socialista en nuestra tierra. Por ello, la decisión de llamarnos a votar responde en exclusiva a méritos, deméritos y razones ajenas al ¿buen? hacer del partido-régimen.

En efecto, la debacle del PP, el desnortamiento de Ciudadanos y la buena valoración del nuevo gobierno socialista de Pedro Sánchez (¡¡Quien lo podía sospechar, Susana Díaz beneficiada pore la labor de aquel al que apuñaló por la espalda!!), impulsan a la presidenta andaluza a adelantar las elecciones al otoño, amen de evitar las sentencias de la Gürtel andaluza, el caso de los EREs, con Chaves y Griñán en el papel estelar. Esa durísima imagen alejaría al PSOE andaluz de la regeneración y limpieza que ahora encarna para mucha gente ilusionada el gobierno de Madrid y lo aproximaría, por el contrario, a los siete nefastos años de Rajoy, preso y víctima de redes y practicas corruptas asentadas en décadas de poder.

Los socialistas andaluces sufren desde hace tiempo de un doble agotamiento, de recursos humanos y de proyecto. Respecto al primero no es que no cuenten con personas valiosas, profesionales rigurosos, aunque lo cierto es cada vez abundan menos, dejando sitio a “profesionales del partido”, como la propia Susana Díaz. No, de lo que se trata es de que el poder ininterrumpido durante cerca de cuarenta años ha impedido cualquier renovación real en la dirigencia y sus tentaculos, que se ha sucedido a si misma por medio de dedazos y adelantos electorales sucesivos. Así, de Chaves a Griñán y de este a Susana. Que cambie todo para que todo siga igual, como en la novela de Lampedusa (o para los cinéfilos, en la película de Visconti). Un sistema mucho más pacifico que las querellas entre Almunia y Borrell, la sorpresiva elección de ZP o la accidentada de Sánchez. Pero, ¿a qué precio? En el PSOE-A reina la paz de la ausencia de debates y confrontación de proyectos, de la obediencia y la carencia de alternativas. Por esa misma sucesión dinástica a través de la “adopción política” tiene la sentencia de los EREs tanto potencial destructivo.

En cuanto a las ideas…. ¿Dónde están? ¿Cuáles son las nuevas fronteras del “progresismo” andaluz? El PSOE jugó un papel fundamental en la articulación de la autonomía andaluza, de la implantación del único Estado del Bienestar que hemos conocido, de la modernización de nuestra tierra. Eso es innegable, es parte de nuestra historia y, pese a todos los peros, con más luces que sombras. Pero el impulso se acabó hace mucho tiempo, las ideas se agotaron, el conformismo defensivo se instaló en las políticas de la Junta y apostó su continuidad en el poder al rechazo al modelo neoliberal del PP, que nunca ha terminado de sentirse cómodo con el sentimiento andaluz. De hecho, el viraje de Susana Díaz hacía el “extremo centro” se ha ido acentuando con el tiempo, pasando de renegar de la incómoda alianza con IU a abrazarse con mucho mayor entusiasmo a la reencarnación naranja de la receta de recortes y desigualdad.

Durante mucho tiempo la única alternativa real al perenne socialismo era el PP, que en las ciudades que ha gobernado ha dejado clara su voluntad de apretar el acelerador de las desigualdades, el ladrillo y la agresión al Medio Ambiente. El PSOE ha sobrevivido refugiado en la conciencia de muchas personas de que la alternativa era peor.

Pero esta no es una maldición de la que no se puede escapar. Frente a la derecha insolidaria, destructiva y autoritaria y frente al agostamiento del proyecto socialista, a la tupida red de clientelismos, ha emergido en Andalucía y en toda España un proyecto alternativo, ilusionante y real. Me refiero al encarnado en los diferentes Ayuntamientos “del Cambio”, que han emprendido un camino complicado pero necesario y posible. Con rigor económico y ahorrando en lo superfluo y en endeudamientos innecesarios, que reniega de macroproyectos que sólo acaban empeorando la vida de las personas. Un proyecto que apuesta por recuperar el control de los suministros más básicos, la luz y el agua, de manos de las grandes empresas privadas y ponerlos al servicio del Bien Común. Que defiende, de verdad, la Escuela Pública como motor de igualdad y no como opción residual y subordinada a la privada concertada, que debe ir perdiendo peso progresivamente. Un proyecto que recoge gran parte del ideario de la ecología política, como hace Ahora Madrid, donde la presencia de EQUO con Inés Sabanés está generando una revolución verde en la movilidad urbana y la recuperación de un entorno urbano más saludable. De la misma forma, en nuestra ciudad Ganemos Córdoba está impulsando, entre otros muchos puntos, la imprescindible transición ecológica y energética, algo fundamental para una de las ciudades que más pueden sufrir por el Cambio Climático.

Este proyecto no es propiedad exclusiva de ningún partido, sino que recoge las aspiraciones de amplios sectores que aspiran a que la política pueda ser algo más y mejor que una mera gestión de lo inevitable, que aspiran a cambiar rumbos y paradigmas. Que aspira, entre otras cosas, a una sociedad más verde.

Los gobiernos, y oposiciones, del cambio han demostrado lo mucho que se puede hacer si hay verdadera voluntad y empuje. Ahora nos toca demostrar, caminando juntos, que otra Andalucía también es posible.

Ramón Fernández Barba. Miembro de EQUO

 

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