Manolete y la fiera

Nacido un 4 de julio de 1917; este año se producirá el centenario de su nacimiento. Los taurinos salen a festejarlo y exigen al Ayuntamiento y la Diputación cordobesas que desembolsen 60.000 euros de dinero público para la celebración. No se contentan los prebostes con un día o una semana de conmemoración. Como una mala broma se trata de un acto de discriminación y se olvidan de otros personajes célebres, hombres y mujeres, de nuestra ciudad para relanzar una denostada, anacrónica y bárbara actividad de tortura con animales. Manolete, criado en un barrio de nombre Matadero, donde le dejaban apuntillar becerros desde muy pequeño y con unos antecedentes familiares en los que priman profesionales de la tauromaquia, no necesitó de Escuela taurina. Era un privilegiado que aprendió de los matarifes el arte y técnica de matar toros.

Rodeado de muertes y de muertos. Patriarcado y toreros. Catolicismo y Régimen .Mientras el público se peleaba y se divertía cuando arriesgaba su vida, no le consintieron ser feliz con la mujer que amaba que, además, vilipendiaron y trataron peor que a los toros en la plaza. Su madre que ya había visto morir a dos maridos y a otro hijo y que nunca se le ocurrió ir a verlo a una plaza de toros, tuvo que vivir la muerte de otro de esta forma tan horrible. Estaba predestinado aunque la genética nada tuvo que ver. Mujeres que se merecen más homenaje y más sentimiento que el propio homenajeado.

Dos calificativos, Califa y Monstruo, puestos por críticos taurinos que en su forma de ver las cosas pueden resumir lo que para parte del pueblo de Córdoba y españoles es Manolete. Dejemos su memoria en el Museo taurino municipal que para eso nos ha costado 5 millones de euros que no vamos a sacarle más réditos económicos ni culturales para la ciudad. Los devotos a la sangrienta tauromaquia podrán admirar en él las armas con las que se torturan a los toros, el traje de faena ensangrentado del finado que llevaba el día de su muerte y la cabeza disecada y apolillada del toro “Islero”.

A Manolete lo mataron las deficientes condiciones y falta de medios existentes en la plaza de toros de Linares, pues los médicos no pueden garantizar resultados sin la existencia de medios adecuados para salvar vidas. Asistencia sanitaria pésima que recibió como le ha pasado a muchos de los que compartían su afición. A Manolete lo mató su ansia de morir en la plaza, con honor y gloria, como así aseveran todos los que se dedican a ejercer violencia contra los toros. A Manolete lo mató la verdadera “fiera” de la plaza como nos descubre el escritor español y anti taurino D.Vicente Blasco Ibáñez en su obra “Sangre y Arena” “Volvió a rugir la fiera: la única, la verdadera”, refiriéndose al público que asiste a estos espectáculos.

 Rafael A.Luna Murillo, veterinario y etólogo. Simpatizante de EQUO

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