Llegar a poder vivir en paz jamás será el resultado de acciones violentas

A la vista de lo visto en las últimas semanas, en que a nuestras instituciones democráticas sólo se les ocurre responder al terrorismo y la violencia con más terrorismo y violencia, el panorama no deja de ser desolador y nuestra sensación de impotencia ante la lucha contra el terrorismo machista “in crescendo”.

¿A quién bombardeamos nosotras? ¿A quién? Preguntamos en medio de la desesperación por hacernos entender. A nosotras ni nos parece esa la solución, ni nos parece que otras sean tan complicadas y difíciles de llevar a cabo.

Empezando por el principio, educación: Educación para la igualdad en todos los entornos educativos. Quizá el principio del principio sea un firme posicionamiento del Gobierno: La violencia de género es una cuestión de Estado. Y el papel de las instituciones es clave para así reconocerlo y encauzar sus políticas públicas y el reparto y destino de sus presupuestos.

Suficientes recursos para hacer cumplir la Ley Integral contra la Violencia de Género, paralizada en muchos de sus artículos por la reforma de la Ley de Régimen local. Previa ampliación de la misma a otras formas de violencia más allá del marco de las relaciones sentimentales.

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La exhaustiva formación del aparato judicial, tal como recomienda la CEDAW. La reforma del artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que exime de la obligación de declarar a la víctima contra su maltratador, quedando en muchas ocasiones los casos sin la única prueba.

Sólo con estas pocas medidas que conllevan no demasiado esfuerzo pero sí mucha voluntad política, otro escenario menos oscuro se nos presentaría.

A pesar de todo, conservo del 7N, esa jornada histórica en la que las mujeres de este país caminamos juntas por las calles de Madrid animadas en la fuerza de nuestra lucha permanente e incansable, una respetuosa sonrisa: La que me provoca el recuerdo de las ocurrentes y brillantes consignas reivindicativas escuchadas aquel día. Como homenaje a la causa feminista y agradecimiento a todas las personas que nos supieron acompañar sin ansiar protagonismos personales ni rentabilidades políticas, aquí les dejo algunas de ellas: Feminismo para ser feliz y cambiar el país. Yo no soy una princesa, soy una guerrera. Y voy a ser la mujer que me dé la gana de ser. No pidas perdón por querer ser libre. No es digno ni moral al machista soportar. El machismo mata y la impunidad remata. No estamos todas, faltan las muertas. Nos queremos vivas. Quien ama no mata, ni humilla, ni maltrata. Heteronorma es violencia. Homofobia es violencia. Transfobia es violencia. Patriarcado y capital alianza criminal. Pacto de estado contra el terrorismo machista. Disculpen las molestias, nos están asesinando.

Ana Pérula. Miembro de EQUO

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