¿Dónde está la izquierda?

Son muchas las razones que nos llevarían a preguntarnos ¿Dónde está la izquierda?, pero me limitaré a las más recientes: La agresión a la democracia en Grecia y el trato a los refugiados de la guerra en Siria.

Ante hechos tan graves como los ocurridos en Grecia y la incapacidad de las instituciones internacionales para poner fin a la guerra en Siria, con las dramáticas consecuencias para su población y la desidia, o lo que es peor, las conductas criminales en algunos casos(Hungría), con que los gobiernos europeos están tratando el problema de los refugiados, algunos echamos en falta una respuesta de opinión y de acción por parte de las organizaciones de izquierda, tanto internacional como nacional, que a modo de una gran cámara de resonancia permitiese al mundo hacer visible la denuncia, llegando a la raíz en ambas situaciones, no solo quedándose en la queja.

Las situaciones anteriores y otras similares ponen en evidencia que la denominada izquierda tradicional, tanto si nos referimos a un cuerpo de pensamiento y espectro de ideas para conseguir una sociedad “mejor”,(entendida como aquella en la que se trabaje por hacer realidad tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos como la Carta de la Tierra) como a una fuerza política organizada que intente llevarlo a cabo, no nos sirve.

Por ello se hace necesario en primer lugar “repensar la izquierda” para ponernos de acuerdo en donde está la esencia de su razón de ser , con unos criterios que nos permitan en primer lugar disponer de un “mensaje claro” que pueda ser asumido por quienes se identifiquen con esta posición y facilitar su difusión al resto del mundo y por otro lado poder testar cualquier línea de pensamiento o movimiento político a la hora de ser incluido o no con este calificativo de una manera objetiva, evitando las ambigüedades y confusiones que hoy contemplamos en el panorama ideológico y de partidos, como que el secretario general del Partido Socialista se autoproclame único candidato posible de “la izquierda” con capacidad de derrotar electoralmente a la derecha o que los mismos gobiernos, con sus presidentes a la cabeza, que apoyaron a Alemania en el chantaje y violación a la democracia griega, aparezcan hoy en todos los informativos ante la masacre perpetrada en Paris, declarando su apoyo fervoroso a la democracia ante estos atentados terroristas ,al tiempo que trabajan para eliminar derechos y restringir libertades como la manera de “solucionar” esta situación, siendo incapaces de ir a la raíz del problema en el conflicto sirio y del fanatismo religioso como instrumento del que se vale.

Todos hemos sido testigos cómo mientras a la “derecha” (entiéndase en sentido amplio de poder económico y financiero además del ideológico) le interesó hacer presente a Grecia en nuestra mente para poder desarrollar su discurso del caos en el que se verán inmersos quienes no sigan sus recomendaciones neoliberales, padecimos un bombardeo permanente en todos los medios de “desinformación” nacionales e internacionales. Una vez conseguido su objetivo, Grecia dejó de existir. Sin embargo la “izquierda” ni tuvo la suficiente presencia en Europa mientras la democracia griega era aplastada, ni la está teniendo después de que le hicieran claudicar. Desgraciadamente Grecia, no solo dejó de existir para la “derecha” una vez que hubo triunfado en su misión, sino que también ha dejado de existir para la izquierda a pesar del daño a los valores democráticos y el sometimiento del pueblo griego a los intereses de los poderosos.

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¿Qué es esencial para la izquierda?                                                        

Ser de izquierdas supone defender ciertos valores, que quedan bien resumidos en las palabras del activista sindical norteamericano Henri Spira: “Estar de parte del débil, no del poderoso; del oprimido, no del opresor; de la montura, no del jinete; actuar para intentar reducir la enorme cantidad de dolor y sufrimiento del mundo. Si nos encogemos de hombros ante el sufrimiento evitable de los débiles y los pobres, de los que están siendo explotados y despojados o de los que sencillamente no tienen nada para poder llevar una vida decente, no formamos parte de la izquierda”.

Estamos asistiendo a una eliminación del valor del concepto de izquierda política por quienes aspiran a ocupar este espacio, dándose una falta de ideario en la práctica política en el terreno de la izquierda. Se sustituyen los conceptos marxistas “capital/trabajadores “ por “los de arriba/los de abajo” y se comete el mismo error de atribuir al hecho de encontrarse en una situación social concreta la determinación de su pensamiento ideológico.

Los determinantes de la conducta humana son múltiples, siendo la condición social uno de ellos sin que ello suponga necesariamente una relación causa efecto en la manera de pensar. Marx en su VI Tesis sobre Feuerbach dijo: -“…la esencia del hombre no es una abstracción inherente a cada uno de los individuos. En esencia consiste en el conjunto de las relaciones sociales”- de esta creencia se sigue el alegato erróneo del pensamiento marxista que, si se puede cambiar por completo el “conjunto de las relaciones sociales”, se puede cambiar toda la naturaleza humana.

La izquierda necesita un nuevo paradigma en el que se corrijan los errores del pensamiento marxista, así como sus postulados utópicos (“De cada cual según su capacidad a cada cual según su necesidad”) que tras dos siglos de vigencia los hechos y los avances científicos han puesto de manifiesto; lo que nos lleva a la necesidad urgente por parte de la izquierda de ideas y enfoques nuevos y una forma de hacerlo es desde una aproximación al comportamiento social, político y económico de los seres humanos basada en una interpretación de la naturaleza humana con los conocimientos actuales de neurociencia y otras disciplinas científicas (genética de la conducta, psicología cognitiva, sociobiologia, antropología, etc.). Debemos empezar por asumir el hecho de que somos animales evolucionados por lo que llevamos el sello de nuestra herencia, no solo en la anatomía y el ADN, sino también en nuestra conducta. En definitiva se trata de desarrollar una izquierda en la que tendremos que incluir a Darwin y sus ideas para que nos sirvan de complemento a la parte del pensamiento marxista que haya superado la criba del tiempo y de la ciencia, lo que por otra parte estaría en consonancia con las pretensiones del propio Marx que defendía un “socialismo científico” frente al “socialismo utópico”. Debemos superar la dicotomía marxista de que “El darwinismo es la ciencia de la evolución biológica y el marxismo la de la evolución social” tal como se afirma en la frase: “Darwin para la historia natural y Marx para la historia humana” y corregir a la teoría materialista de la historia según la cual la existencia social determina la conciencia, de donde se concluye que la avaricia, el egoísmo, la ambición personal y la envidia son consecuencia de vivir en una sociedad con propiedad privada y con los medios de producción en manos privadas, lo que contrasta con el pensamiento darwiniano que considera que son aspectos inherentes a la naturaleza humana.

Según propone, el filósofo y profesor de Ética, Peter Singer, una “izquierda darwiniana”:

  • Debe empezar por reconocer que fruto del proceso evolutivo existen una serie de caracteres o predisposiciones en la conducta humana que podíamos denominar “naturaleza humana”, la cual ni es inherentemente buena (Mito del buen salvaje) ni infinitamente maleable (Mito de la página en blanco), lo que permitirá saber más de ésta y en consecuencia adoptar las medidas políticas basándose en los mejores datos disponibles de cómo somos los seres humanos;
  • Debe rechazar toda inferencia que deduzca de lo que es “natural” lo que es correcto (racismo, autoritarismo/democracia);
  • Que no debemos confiar en resolver todos los conflictos y rivalidades entre los seres humanos mediante la revolución política, el cambio social o la mejor educación, aspectos necesarios pero no suficientes, pues al margen de los sistemas sociales y económicos en los que vivamos, siempre habrá personas que actuaran de forma competitiva con objeto de realzar su estatus, ganar posiciones de poder y/o mejorar los intereses propios y de sus familiares, y simultáneamente nos encontraremos con que la mayor parte de las personas responderán positivamente a las oportunidades autenticas de participar en formas de cooperación mutuamente beneficiosas. Por lo que el objetivo deberá estar en promover estructuras que estimulen la cooperación y no la competencia, y tratar de canalizar la competencia hacia objetivos socialmente deseables;
  • Ni asumir que TODAS las desigualdades son consecuencia de la discriminación, la opresión, los prejuicios o el condicionamiento social. Algunas, o muchas, se deberán a estos factores, pero no debe presuponerse para todos los casos.
  • Mantener los valores tradicionales de la izquierda, como ponerse de parte de los débiles, los pobres y los oprimidos, pero reflexionar cuidadosamente sobre qué cambios sociales y económicos los beneficiaran verdaderamente, no perdiendo de vista la necesidad de reciprocidad en las relaciones sociales y la dignidad de las personas.
  • Reconocer que la forma en que explotamos a los animales no humanos es una herencia de la cultura religiosa que exageró el abismo entre los humanos y los demás animales, procurando un mejor estatus moral para éstos y una visión menos antropocéntrica de nuestro dominio y explotación de la naturaleza.

Marx ha tenido, con razón, mucha influencia en las ciencias sociales al señalar los vínculos existentes entre la base económica de la sociedad y sus leyes, religión, política, filosofía y cultura, haciendo añicos la ilusión de independencia de las ideas y la cultura, sin embargo hemos de integrarla en un cuadro mucho más amplio en el que se reconozca que esa influencia del modo de producción lo hace a través de los rasgos específicos de nuestra herencia biológica.

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Antonio Pintor Álvarez. Médico y miembro de EQUO

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