Riesgos estivales en la atención sanitaria

Todos hemos sido testigos a través de los medios de comunicación del lamentable accidente ferroviario ocurrido en Galicia que ha provocado cerca de dos centenares de victimas entre heridos y fallecidos.

Son varias las cosas que me han llamado la atención en relación con este hecho, siendo una de ellas la excesiva repetición de las escenas del accidente, que considero en nada ayudan a las victimas ni a los familiares de éstas, sino más bien todo lo contrario.

Otro hecho significativo ha sido la rápida señalización por parte de empresa y ministros (Interior y Fomento) al conductor como responsable de la tragedia. Ante la angustiante pregunta de ¿Qué ha pasado? ¿Cuál ha sido la causa del accidente? Las autoridades, tanto empresariales como políticas, rápidamente apuntaron al conductor como posible causante del mismo. Y es posible que tengan razón, sin embargo, no es esto lo que me preocupa, sino que estas personas antes de tener en cuenta otros factores como podrían ser, problemas en las vías, dada la “peligrosidad” según nos han contado de esa curva, posibles fallos en los sistemas de seguridad y también, obviamente posibles fallos humanos o una mezcla de todos, rápidamente señalaron al fallo humano, con lo que “ellos” y su posible responsabilidad quedaba fuera de toda duda y su reputación a salvo.

Como trabajador público (médico) en un sistema de alto riesgo, como es el sistema sanitario, mas concretamente el Servicio Andaluz de Salud (SAS), me hubiera gustado que tanto empresa como políticos hubiesen apuntado, digo solo apuntado, otras posibles causas antes de señalar al conductor. Según aparece en prensa, posteriormente se han instalado unas balizas que habrían evitado el accidente a pesar de la distracción del maquinista.

– La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que actualmente es más arriesgado y peligroso acudir a un hospital que volar en avión, sobre todo teniendo en cuenta que cada año mueren millones de personas por errores médicos o infecciones nosocomiales.                                                                                                                                                                                                                                   En concreto, y según ha asegurado el representante de los pacientes de este organismo de Naciones Unidas, “si un ciudadano es ingresado en un hospital de cualquier país del mundo, tiene un 10% de probabilidades de sufrir algún error en su cuidado, que en uno de cada 300 casos puede llevarle a la muerte“. En contraste el riesgo de morir en un accidente aéreo es de una una probabilidad entre 10 millones.

He entresacado esta información para resaltar que la atención sanitaria es una actividad de riesgo, que cuando nos ponemos en manos de un médico estamos asumiendo un riesgo, o dicho de otra manera, que “un médico siempre es peligroso”, porque lo es intrínsecamente la actividad que realiza. El que lo sea más o menos dependerá de la formación, capacitación, prudencia, etc. Cualidades en las que él tiene una importante responsabilidad, así como la empresa que debe facilitar la formación adecuada a las actividades que se le asignan.

A lo anterior hemos de añadir el entorno organizacional y de medios en los que realiza el trabajo que es competencia plena de la empresa, en mi caso el SAS.

Pues bien, es este aspecto el que quiero denunciar, ya que los profesionales y ciudadanos venimos siendo tratados con una ausencia total de respeto, mas bien diría que se nos trata con desprecio, a la hora de “planificar”, si es que se le puede llamar así, nuestro trabajo a lo largo del año y especialmente llegadas las fechas veraniegas.

Desaparecen del centro de trabajo profesionales, al irse de vacaciones, y su puesto no se ocupa por nadie, quedando sin cubrir en ocasiones la mitad de la población e incluso poblaciones completas durante la mayor parte del verano. Otros desaparecen por traslado o no renovación de contrato (En Adamuz recientemente nos hemos quedado sin pediatra y sin matrona, seguramente para ahorrar y así poder costear las romerías -180.000 euros se ha gastado la Junta de Andalucía en la del Rocío y de la Cabeza-)

Como consecuencia de lo anterior quienes aún siguen trabajando se ven obligados a atender además de la población que tienen asignada a la de los ausentes por vacaciones. Y ello en un contexto en el que se nos retrae de la nómina diez horas mensuales para “completar la jornada laboral” que según sus cálculos no cumplimos, y que en realidad se han utilizado para deshacerse de la mayoría de los profesionales contratados; Así como la pérdida de días de descanso  por antigüedad y otros derechos laborales.

¿Extraña manera de resolver el problema de desempleo en la “fábrica de parados” que es Andalucía? A nadie se le escapa que los profesionales en estas condiciones estamos “cansados y cabreados”. Las investigaciones neurocientíficas sobre la toma de decisiones ponen de manifiesto que el cansancio y el estrés son situaciones que alteran los procesos cognitivos favoreciendo la comisión de errores.

Pues si un médico siempre es peligroso, imagínense el riesgo al que se está sometiendo a la población andaluza con médicos, que además estamos cansados y cabreados. Lo anterior vale igual para los profesionales de enfermería.

Precisamente es en este punto donde quiero enlazar con el señalamiento de los políticos que nos gobiernan y la empresa del tren hacia el maquinista como responsable de la tragedia. Pues me temo que en caso de ocurrir algún error en nuestra actividad asistencial, y vuelvo a recordar que según la Organización Mundial de la Salud se trata de una actividad de alto riesgo, los responsables del SAS no cuestionarían las “peligrosas” condiciones  en las que nos están obligando a realizar nuestro trabajo, a pesar de las reiteradas protestas, sino que nos señalarían rápidamente con lo que “su culpa” y “responsabilidad” estaría fuera de lugar.

Seguramente si saliesen a la luz pública casos de “errores médicos” la respuesta de nuestros gobernantes sería similar a la ocurrida con los ERES, que nadie sabía nada hasta que explotó el escándalo, con la diferencia que en este caso se trata de sinvergüenzas que se llevan un dinero que no les corresponde y en el que nos ocupa sería de posibles victimas humanas como consecuencia de errores cometidos por profesionales trabajando en situaciones limites impuestas por “carguillos” haciendo méritos y toleradas por políticos incompetentes e irresponsables.

Antonio Pintor Álvarez                                                                                                      Médico del Centro de Salud de Adamuz (Córdoba)

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