Álbum de fotografías

A veces, al mirar la prensa local de Córdoba, he llegado a dudar de si lo que tenía entre las manos era un periódico o el álbum de fotos de nuestro alcalde. Siempre bien trajeado, impoluto y mirando a la cámara con una expresión que, según los casos, reparte entre lo serio y trascendental, y la académica sonrisa de clínica dental. Y es que, ya se sabe, la pasarela de los actos sociales es muy exigente y le obligan a uno a ir la moda de lo políticamente correcto.

“La mujer del César no solo tiene que ser honrada, sino parecerlo”: frase histórica que a veces me preocupa. Pues, dependiendo de quién la interprete, parece poner más énfasis en lo segundo que en lo primero. Y no es que quiera cuestionar las intenciones de nuestro alcalde (cada uno de los que ostenta un cargo político sabrá si sus auténticas motivaciones son alcanzar notoriedad y reconocimiento, estatus económico y social, poder, un poco de todo o, ¿quién sabe?, incluso vocación de servicio, que es lo primero que ellos ponen en su boca), pero lo mismo que resulta cansina una madre (y que ellas me perdonen) cuando enseña las fotografías de su hijo: “aquí, cuando se le cayó su primer diente… ésta es de su primera comunión… en ésta hace de pastor en una obra de teatro de su colegio…”, también me resulta cansino el reportaje de fotos de actos sociales que la prensa local va coleccionando, como hemeroteca personal, para su mayor gloria.

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Sin embargo,  teniendo en cuenta que es “un servidor del pueblo de Córdoba”, me gustaría que las fotografías estuviesen más centradas en la ciudad que en el alcalde; y que, en ellas, se reflejase tan arregladita, aseada y con tan buen aspecto como el regidor que ocupa los primeros planos. Pero las instantáneas de nuestra urbe, a mi entender, dejan mucho que desear, al margen de las cuatro estampas turísticas de toda la vida. Y es que Córdoba, especialmente para los que habitamos en ella y, sobre todo, para los no residentes en la zona exclusiva del centro, es mucho más que “la Calleja de las Flores, La Mezquita, El Puente Romano, Las Tendillas o Cruz Conde”. La gran mayoría de los cordobeses viven fuera de la zona Centro o en barrios populares, donde no suelen detenerse los objetivos de las cámaras ni, según parece, el interés de los ediles que nos gobiernan.

Cuántas controversias se han suscitado, desde el Ayuntamiento, para decidir la mejor vestimenta que debía lucir algunos lugares como “Tendillas, Cruz Conde o La Ribera”: que si prêt-à-porter, que si un toque clásico, que si vanguardista, que con faldas y a lo loco… mientras el resto de la ciudad y, especialmente, los cenicientos barrios de siempre, siguen luciendo los mismos harapos, eso sí, más descoloridos y con más remiendos a causa del paso del tiempo.

Sólo cuando llegan las elecciones parecen acordarse de que existen esos barrios, para honrarlos, eso sí, virtualmente con su presencia, apareciendo en un sinfín de carteles con su imagen más conseguida de líder, casi espiritual, o nuevo mesías de su pueblo. Pero las elecciones pasan, los carteles se retiran y, el hámster que hace girar la rueda de la política para transmitir la sensación de que algo se mueve, vuelve a situarnos de nuevo en el punto anterior; es decir, en el olvido.

Que no se inquiete el cordobés que, regresando a uno de esos barrios tras muchos años de ausencia, tema no reconocer los lugares de su infancia. En barrios como El Sector Sur, La Fuensanta, El Santuario, El Campo de la Verdad, Cañero, Miralbaida… por no hablar de Las Palmeras, Las Margaritas, etc., seguirá encontrando las mismas deficiencias de siempre, la misma forma de ser ignorados e, incluso, los mismos guetos.

Resulta deprimente comprobar cómo, en zonas como Poniente, y al calor de la burbuja inmobiliaria, se proyectaron barrios residenciales, hoy fantasmas, con sus nuevas calzadas, acerados, farolas, etc., que sólo disfrutan algunos bloques salteados, la mayoría casi vacíos, mientras la mayoría de los barrios citados tienen grandes deficiencias en sus acerados, iluminación, etc., o en sus plazas y jardines, que, la mayoría de las veces, son eufemismos de cemento y tierra baldía, donde hasta los perros, cuando llega el verano, evitan dar su paseo diario.

Todos somos cordobeses, los de la zona centro o los de los barrios populares, y todos pagamos los mismos impuestos. Pero, según parece, dependiendo de la zona donde residas gozarás de mejores, peores o casi nulos servicios, atenciones o mantenimiento. Y no es que niegue la evidencia de que, a ciertos lugares emblemáticos de nuestra ciudad, hay que prestarles una atención especial; pero lo que no debería ser normal es que algunos de esos lugares (Tendillas, Cruz Conde, Gran Capitán, etc.) hayan sido arreglados, reformados, reestructurados o mejorados (esto último según quien opine), hasta en 5 ó 6 ocasiones en los últimos años, mientras una infinidad de calles, plazas u otros lugares llevan décadas sin un triste repaso, aunque sea para comprobar cuestiones básicas como la defunción de muchas de sus farolas.

Sr. Alcalde, de la misma manera que, cuando aparece fotografiado en sus múltiples actos sociales, no sólo luce impecables trajes, sino también elegantes camisas, corbatas, zapatos y demás complementos, Córdoba debería lucir más homogénea. Y, siguiendo el símil, si Vd. fuera fotografiado como una auténtica representación de la ciudad, aparecería, seguramente, bien peinado, con elegante chaqueta, camisa y corbata, y, de cintura para abajo, con unas desteñidas bermudas y chanclas. Con una salvedad, que en Córdoba, por desgracia, la mayor parte del cuerpo es cintura para abajo.

Pero no quisiera acabar este repaso fotográfico sin mencionar uno de los lugares (desde siempre) más emblemáticos de la Ciudad: su Sierra (por la que siento una afección especial). Mucho me temo que en los nuevos planes urbanísticos (así ya lo están denunciando algunos) quieren mal vestir también una buena parte de ella. Y le recuerdo que ese patrimonio, mucho más antiguo que la Mezquita y la propia ciudad, no sólo es de todos los cordobeses, presentes y futuros, sino universal; y no me gustaría ver cómo en los siguientes reportajes fotográficos de la Córdoba, por su puesto, con Vd. en primer plano, se ve muy de fondo nuestra sierra aún más vestida de cemento (en vez de jara, romero o lentisco) y coronada de diademas de antenas parabólicas (en vez de copas de encinas y pinos).

Por eso creo que, no sólo en mi nombre, sino en el de mucha más gente, debo hacerle a nuestro alcalde ésta petición: controle que los “alcornoques” sólo crezcan en la Sierra.

José Moral, simpatizante de EQUO

Un comentario

  1. Como siempre José con su habilidad para la ironía nos retrata y denuncia la política local con brillantes y humor.
    Felicidades

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