De la violencia contra la mujer

Hoy, día 25 de noviembre se conmemora la lucha por la eliminación de la violencia contra la mujer. Estoy escribiendo este artículo, en el que pretendo profundizar un poco en el problema, esto es, hablar de aspectos como la situación internacional del sexo femenino, es decir, la venta de mujeres, un tráfico indigno para uso particularmente sexual que se caracteriza por una terrible violencia y que limita la igualdad que consideramos real. No obstante, me encuentro con una noticia que muestra como la violencia de género en este país ha aumentado entre los menores en los últimos cinco años. ¿Vamos para atrás?. Desafortunadamente sí, todo indica que estamos viviendo una involución en este sentido, por lo cual voy a incidir en lo básico, es decir, en conceptos que yo pensaba asimilados en nuestra sociedad. Disculpad si repito cosas obvias.

Para complementar lo que voy a exponer, me gustaría dejar este enlace a una interesate conferencia de Amelia Valcárcel titulada “La igualdad como preventiva de la violencia contra las mujeres: pautas para mirar el futuro en un mundo globalizado”. ¡No os la perdais!:

http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1939

DEFINICIÓN

En ocasiones, las distintas denominaciones que se le dan a los malos tratos llevan a confusión, siendo así, se habla de violencia de género, violencia doméstica, de pareja, hacia las mujeres, machista o sexista… Me parece fundamental tener claro al menos que violencia doméstica hace referencia a aquella que se produce dentro del hogar, tanto la ejercida por pate del marido a su esposa, como de la madre a sus hijos o del nieto al abuelo, etc. Y excluye aquellas relaciones de pareja en las que no hay convivencia. La violencia de género tiene que ver con “la violencia que se ejerce hacia las mujeres por el hecho de serlo”, e incluye tanto malos tratos de la pareja o familiares, como agresiones físicas o sexuales de extraños, mutilación genital, infanticidios, feminicidios, etc.

La violencia contra la mujer se define pues como “…todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada”. (Artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Naciones Unidas, 1994).

TIPOS DE VIOLENCIA

– Física: La violencia física es aquella que puede ser percibida objetivamente por otros y la que más habitualmente deja huellas externas. Se refiere a empujones, mordiscos, patadas, puñetazos, quemaduras, etc, causados con las manos o algún objeto o arma. Es la más visible, y por tanto facilita la toma de conciencia de la víctima.

– Psicológica: La violencia psíquica aparece inevitablemente siempre que hay otro tipo de violencia. Supone amenazas, insultos, humillaciones, desprecio hacia la propia mujer, desvalorizando su trabajo, sus opiniones, su conducta, etc. Implica una manipulación mental y emocional en la que incluso la indiferencia o el silencio provocan en ella sentimientos de culpa e indefensión, incrementando el control y la dominación del agresor sobre la víctima, que es el objetivo último de la actitud violenta.

Dentro de esta categoría podrían incluirse otros tipos de violencia que llevan aparejado sufrimiento psicológico para la víctima, y utilizan las coacciones, amenazas y manipulaciones para lograr sus fines. Por ejemplo, la violencia económica, en la que el agresor hace lo posible por controlar el acceso de la víctima al dinero, tanto por impedirla trabajar de forma remunerada, como por obligarla a entregarle sus ingresos, haciendo él uso exclusivo de los mismos. También es habitual la violencia social, en la que el agresor limita los contactos sociales y familiares de su pareja, aislándola de su entorno y limitando así un apoyo social importantísimo en estos casos. Por otro lado, la violencia sexual se ejerce mediante presiones físicas o psíquicas que pretenden imponer una relación sexual no deseada mediante coacción, intimidación o indefensión; esta última, aunque podría incluirse dentro del término de violencia física, se distingue de aquella en que el objeto violentado en este caso es la libertad sexual de la mujer y, aunque suele ir asociado, no tanto su integridad física. Hasta no hace mucho, la legislación y los jueces no consideraban este tipo de agresiones como tales, si se producían dentro del matrimonio.

CONSECUENCIAS PSICÓLOGICAS PARA LA MUJER MALTRATADA

El síndrome de la mujer maltratada, definido por Walker y Dutton, consiste en una adaptación a la situación aversiva, y se caracteriza por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación del problema; así como por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo. También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés postraumático, sentimientos depresivos, de rabia, baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.

Además, el alto nivel de ansiedad genera problemas de salud y alteraciones psicosomáticas, y pueden aparecer problemas depresivos importantes, así como la consecuente anulación de las posibilidades de desarrollo en libertad de ese ser humano. Cualquier tratamiento contra la violencia de género, una vez evidenciado el problema, perseguirá la prevención de nuevos ataques violentos (tanto físicos como psicológicos) y el empoderamiento de esa mujer.

¿CÓMO JUSTIFICA LA SOCIEDAD PATRIARCAL LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER?

En lugar de partir del predominante sometimiento y desprecio que sufren las mujeres por parte de la sociedad, el patriarcado parte de la concepción de que la mujer es incapaz de defenderse por sí misma y ha de ser defendida del resto de varones, con lo cual acaba convirtiéndose en propiedad de uno de ellos y, en muchos casos, agredida por quien se supone que debe defenderla. Habitualmente se justifica y se trata de dar explicación a este tipo de violencia atendiendo a:

  • Características personales del agresor (trastorno mental, adicciones…).
  • Características de la víctima (masoquismo, o la propia naturaleza de la mujer, que “lo busca, le provoca, es manipuladora…”).
  • Circunstancias externas (estrés laboral, problemas económicos, etc.).
  • Los celos (es cuando se habla de “crimen pasional”).
  • La incapacidad del agresor para controlar sus impulsos (carácter).
  • Además existe la creencia generalizada de que estas víctimas y sus agresores son parejas mal avenidas, que siempre estaban peleando y discutiendo, de bajo nivel sociocultural y económico, inmigrantes… y, en definitiva, diferentes a “nosotros”, por lo que “estamos a salvo”.

En el fondo, estas justificaciones buscan reducir la responsabilidad y la culpa del agresor, además del compromiso que debería asumir toda la sociedad para prevenir y luchar contra este problema. Evidente, por ejemplo, es el caso de aquellos hombres que son alcohólicos y maltratan a sus mujeres, sin embargo no tienen, en su gran mayoría, problemas o peleas con otros hombres, con su jefe o su casero. O la consideración del estrés laboral o de cualquier tipo de circunstancia externa que afecta realmente a mucha gente, hombres y mujeres, y no todos se vuelven violentos con su pareja.

Justificaciones todas ellas que invisibilizan la raíz del problema: una cultura secular que establece dos clases sociales diferenciadas (hombre y mujer) y que, desafortunadamente, aún a inicios del siglo XXI, se perpetúa. Esta cultura dominante establece la sumisión de los dos aspectos esenciales del ser humano, cuerpo y mente, a las perspectivas y deseos de un tipo humano de hombre que se ha impuesto e institucionalizado a través de los roles de género y de la banalización que la sociedad hace de las distintas formas de violencia que buscan el sometimiento de la mujerSabemos, por supuesto, que ni todos los hombres son iguales, ni lo son todas las mujeres, pero está claro que, tanto unos como otras, se verán abocados en algún momento de sus vidas a vérselas con esta radial desigualdad que existe con respecto a una de las partes.

EN CONCLUSIÓN

En mi opinión, mientras existan mujeres reales que quieren una vida más honesta y decente que la que esta sociedad patriarcal les está dando, esto es, mientras haya mujeres esclavizadas, prostituidas -mujeres como nosotras, las que podemos leer este artículo, las que somos mucho más libres que ellas-, pero cuya integridad física y moral se sigue hiriendo violentamente, la igualdad que muchas de nosotras consideramos real no es más que un espejismo.

Eladia Cuevas, miembro de EQUO Córdoba

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