Cuando el príncipe es el dragón

Hay pocas cosas tan difíciles como reflexionar sobre lo evidente. Cómo argumentar lo intolerable; cómo explicar lo que significa para una sociedad civilizada asumir que parte de su ciudadanía es coaccionada o asesinada por ejercer su voluntad, por desear una vida que algún canalla considera que no merece por el simple hecho de ser mujer. ¿Qué mecanismo tan complejo se pone en funcionamiento para bloquear a una persona y dejarla sin capacidad de reacción ante humillaciones, amenazas o violencia?

No debe ser difícil verse atrapada en esa red violenta ya que se sabe que en ella caen mujeres de diversas condiciones sociales, económicas e intelectuales. Me pongo en su lugar, me imagino recibiendo una hostia del hombre al que quiero y pienso que el desconcierto y el caos mental sería tal que no apuesto por una reacción inmediata por mi parte. Sí, así de triste, así de crudo, brutal y complejo. ¿Cómo asimilar rápidamente que el hombre al que has elegido te juzga, te condena, te castiga?. A ti, una adulta. Por eso me pregunto constantemente ¿qué es lo que en realidad nos hace vulnerables?

Conste que hay temas como este en el que la respuesta pública y política no ha estado mal –todo es mejorable-. También para un joven partido como Equo, donde la equidad es un pilar fundamental, este asunto es vital. Pero aún así vemos repetirse esta lacra cada año. Precisamente este 2012, en nuestra ciudad, ha sido de una crueldad inmensurable con los niños Ruth y José; una violencia extrema hacia una mujer a través de sus hijos. Pero claro, no olvidemos que en este caso el innombrable no merece ser considerado ni un dragón; no hay un animal ni real ni imaginario con el que comparar a un ser tan repugnante y simple.

Sin olvidar, por doloroso que nos resulte admitirlo, que también se ha dado ocasionalmente alguna denuncia falsa relacionada con el maltrato utilizándolas en caliente como arma frívola para arrojar a un hombre. Tolerar o ser cómplice de estas actitudes son, igualmente, una mezquindad que frivoliza con el sufrimiento extremo de otras mujeres y que las vuelve a hacer vulnerables.

En definitiva, creo que nuestro mensaje principal debe ir hacia las víctimas, un mensaje de apoyo absoluto. Que deben reaccionar, que no les queda otra, que es su mejor opción y que estamos con ellas –sin duda-.

Marisa Vadillo, artista y miembro de EQUO Córdoba

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