De “gobiernos miserables” y “enemigos ocultos” (I)

Según la Real Academia Española el término miserable tiene las siguientes cuatro acepciones:

  1. adj. Desdichado, infeliz. 2. adj. Abatido, sin valor ni fuerza. 3. adj. mezquino (que escatima en el gasto). 4. adj. Perverso, (sumamente malo, que causa daño intencionadamente), abyecto, canalla.

En mi opinión, muy influida por la indignación y desprecio que en este momento me producen nuestros gobernantes por sus actuaciones recientes, son la tercera y cuarta acepción las que mejor los definen en el momento actual.

Mezquino (que escatima en el gasto, aunque en palabras de la Sra. Vicepresidenta del gobierno sea para “Salvar a España”, lo que nos recuerda a la justificación que hace justamente 76 años esgrimió un señor bajito con bigotito llamado Francisco Franco que nos mantuvo en la edad media cultural, científica y de los derechos civiles y sociales, bajo una de las dictaduras mas criminales de la historia reciente).

Perverso (: vean la foto en la que nuestros políticos en el poder celebran las medidas con las que “machacan” a los ciudadanos más débiles).

Aunque  deseo que en breve sean la una y la dos, las acepciones que mejor los definan (1.- adj. Desdichado, infeliz. 2. adj. Abatido, sin valor ni fuerza.), pues eso significaría que se ha impuesto la razón y los delincuentes que nos gobiernan han caído en desgracia y ¡ojalá! están siendo procesados por otra justicia diferente a la que hoy tenemos.

A pesar de lo dicho y de los recientes datos de metroscopia que muestran el grado de desapego de los ciudadanos por los políticos, los cuales se encuentran al final del listado, necesitamos poner en evidencia que no son “los políticos” en general el problema, sino “estos políticos” que hoy padecemos, y que los ciudadanos hemos elegido, los que no están a la altura de las circunstancias, dada su incompetencia y mediocridad, los que están favoreciendo la pérdida de credibilidad en la democracia como sistema deseable de gobierno.

Escribía un amigo en su blog (“del breviario al vademécum”, que recomiendo por sus divertidas historias llenas de humanidad e interesantes reflexiones) “Malos tiempos para los jefes”, aún coincidiendo en sus reflexiones, considero que un problema mayor es que tenemos “malos jefes para estos tiempos”, a todos los niveles, desde los del trabajo hasta los del gobierno.

Aquí está lo paradójico de la situación, resulta que precisamente quienes resultan vitales para el sistema democrático, y no olvidemos que las democracias europeas con todos sus defectos, siguen siendo los lugares con mejor calidad de vida, los políticos, son los agentes visibles y denostados de la grave situación en la que nos encontramos y, sin embargo, otros agentes causantes y mantenedores los unos y co-responsables los otros, no suelen aparecer en el escenario de manera tan visible.

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