No serán ellos (II)

“No, ni este sistema financiero, ni la dominante clase política, ni esos medios de comunicación (las grandes piezas de este tablero que siempre sacrifican a sus peones), servidores, a su vez, de los grandes lobis que mecen la cuna, serán los que den la voz de alarma por esta tierra enferma. CRISIS: agujeros negros en el sistema financiero, aunque no en sus bolsillos. CRISIS: pobreza y desahucios, aunque no en sus casas. CRISIS: paro y desesperación, que no atravesarán sus blindados trajes. Pero, ni siquiera esta lucha tendrá sentido si, en la solución, no sabemos dar respuesta a la mayor de todas las “CRISIS”. El mundo en el que habitamos, gobernado por este sistema de “barra libre” y sin límite, más para unos pocos (los que deciden) y mucho menos para el resto, lleva tiempo anunciando su agonía. Nosotros somos los virus que provocan su enfermedad. Y como ellos, si acabamos con el ser que nos aloja nos perderemos con él. Estamos confundiendo simbiosis con un parasitismo suicida, y eso puede ser nuestra perdición. CRISIS, CRISIS… pongamos en crisis a este sistema y sus dirigentes para que, con una nueva mirada y una nueva forma de entender el pulso vital de la vida, salgamos de una vez de todas las crisis a las que sus ciegas y egocéntricas miradas nos están condenando. Es el momento de consumir verdades como puños. Consumir equidad, trabajos humanizados, empresas que no practiquen el canibalismo, fábricas de necesidades cubiertas y no de necesidades adquiridas y, sobre todo, consumir la vida como una oportunidad para degustarla sin devorarla, y no como una competitiva, descarnada y estresante lucha por alcanzar unas metas materiales que, además de no procurarnos más cuotas de felicidad, de generar unas desigualdades que explican el significado de la palabra crueldad, nos está llevando, como así lo anuncian las sumas de todas las crisis, a la verdadera crisis del ser humano.

Pero tampoco seremos nosotros, esa gran mayoría que puede dar un auténtico vuelco al orden establecido, los que impongamos un poco de sensatez a tanta locura, si, como Ulises, seguimos escuchando el canto de sus sirenas. Ya estamos viendo las tempestades, si no queremos naufragar es el momento de cambiar el rumbo. Que nuestra generación no sea la última que tuvo la oportunidad de amotinarse, al comprobar que, los que estaban al mando, no prestaban atención a las vías de agua, sin intentar achicarlas. Que no nos miren nuestros propios hijos y nietos, cuando ya estén con el agua al cuello, sin saber que decirles cuando nos pregunten por qué no hicimos nada.

A pesar de todo, no quisiera que la música de fondo de este escrito sonara como las trompetas que anuncian el Apocalipsis. Al contrario, debido a que se acercan las próximas elecciones andaluzas, he tenido la oportunidad de acercarme a un grupo de gente que representa, con sus estudiadas y lucidas propuestas, en las que prevalecen todo lo que nos humaniza, con ese natural sentido común que, por desgracia, hoy es tan poco común, y una especial sensibilidad ante los verdaderos problemas que a todos nos acucian, esa nueva mirada con la que vislumbrar la salida de este viciado laberinto en el que nos encontramos. Hablo de esa gente que se ha agrupado en torno al nuevo proyecto político EQUO. Gente que aquí, en Andalucía, he visto trabajar con una honestidad poco frecuente. Gente que están empleando su tiempo, esfuerzo, e incluso el propio dinero, para ponerlo en marcha. La convicción en la necesidad del mismo, y en dar una nueva respuesta a las caducadas recetas que nos prescriben, es lo que les está dando las fuerzas para no desalentarse. Son personas que hablan con un nuevo lenguaje, el lenguaje que, estoy seguro, se hablará en el futuro (de no ser así, sospecho, será porque el futuro enmudezca). Es el mismo tipo de lenguaje que, en su día, se atrevieron a hablar los que denunciaban la esclavitud, los que lucharon por los primeros derechos de los trabajadores, los que se resistieron a que se siguiera considerando a la mujer como un ser inferior…  Ese lenguaje, por digno, intemporal, que surge cuando el ser humano es capaz de mirarse en los demás, sacando lo mejor que lleva dentro. El lenguaje que usan, cuando el idioma presente ya no se entiende, los creadores de esa nueva gramática con la que se ha escrito los verdaderos avances del ser humano  Y ahora es el momento de hacerlo. Ni la situación a la que hemos llegado ni el tiempo, me temo, nos va a dar otras oportunidades.

Por eso, sin ningún tipo de vacilación, quiero y debo unirme a esas voces. Aunque su eco aún sea débil, como siempre lo fue cuando se  enfrentaban a la inmovilista megafonía de los que ostentan el poder, sumar una más es quebrarle una cuerda de sus gargantas. Sin embargo, ni yo ni nadie, creo, puede tener la certeza absoluta de que, en el futuro, todos los grandes males, que ahora padecemos, serán resueltos por esta nueva forma de mirar que nos proponen; entre otras cosas, porque exige aunar muchas voluntades. Yo, simplemente, quiero sumar la mía, antes de quedarme con los brazos cruzados mientras exclamo lamentos en la proa de este Titanic. Sí, no puedo tener la certeza sobre el futuro pero, si de algo estoy seguro es que, los que luchen por salvar este barco, NO SERAN ELLOS.

J. Moral, Simpatizante de EQUO Córdoba

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