EQUO considera las desigualdades sociales el principal atentado contra los derechos humanos

El coportavoz de EQUO en Córdoba, José Larios, ha denunciado hoy, en el Día Internacional de los Derechos Humanos, que, en estos momentos, “el atentado más importante contra la dignidad y derechos elementales de las personas se está produciendo por la privación material y moral a consecuencia del desempleo, la precariedad económica y las desigualdades sociales que se han visto agravadas por la crisis”.

Larios ha señalado que en la provincia de Córdoba “casi un tercio de la población está viviendo ya por debajo del umbral de pobreza”. Mientras, “contemplamos cómo quienes en décadas pasadas amasaron fortunas mediante la especulación inmobiliaria y financiera siguen impunes, incluso ocupando puestos de poder y representación en las instituciones públicas”.

En este contexto, EQUO Córdoba rechaza enérgicamente las medidas que se están discutiendo en la Cumbre Europea de Bruselas, “medidas que sólo contribuyen al empobrecimiento de la mayoría de la población y el aumento de las desigualdades sociales”.

“La obsesión de los gobernantes se centra en reducir el déficit público, rebajar el gasto y garantizar la estabilidad y solvencia de la deuda”, de modo que “su preocupación es la seguridad de los mercados financieros, no la de las personas”, ha afirmado José Larios.

Por este motivo, EQUO Córdoba quiere “reivindicar la primacía de los derechos de las personas sobre cualquier tipo de interés económico o político” y exige a las administraciones públicas, empresas y agentes sociales “acciones decididas no sólo para mantener los derechos sociales y laborales y los servicios públicos de calidad, sino para combatir la visión obtusa y cortoplacista del rendimiento inmediato a favor de un modelo social y productivo sostenible que garantice la redistribución del trabajo y los bienes entre todas las personas”.

Larios considera que la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuya defensa constituye uno de los principios fundacionales del partido, “desgraciadamente, continúa siendo, sesenta y tres años después de su promulgación, una utópica relación de buenos propósitos”. La realidad mundial, ha concluido, “está plagada de restricciones a la libertad y dignidad de las personas, de violencia, injusticias y exclusión social por razón de las ideas, creencias, raza y género”.

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