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La corresponsabilidad ciudadana como salida a la crisis

Vivimos un momento convulso… ¿o apático? (a –patos: sin sufrimiento)… No, seguramente estamos siendo testigos arreactivos de un proceso de desestructuración social.

Estamos sufriendo el desmoronamiento, o más probablemente, el desmantelamiento planificado de nuestro estado de bienestar. A cambio se nos impone el mantener, recrear un mundo materialista, insolidario, un modelo social y económico de corte neoliberal que ya ha demostrado su capacidad para deshumanizarnos,  para hacernos perder nuestras libertades, nuestra independencia y nuestra capacidad de autogobierno.

Como en otras ocasiones, se nos quiere imponer ante un problema la existencia incuestionable de una única solución.  Según esto, la solución a la crisis no puede ser otra que la que se propone desde la tecnocracia: el pueblo fiel no tiene conocimientos ni capacidad para encarar sus propios problemas. Debemos entonces dejarnos conducir acríticamente por los senderos que nos trazan quienes sí saben. Nuestro papel: callar, aguantar y confiar en que nuestros gobernantes – y quienes a ellos les gobiernan- solucionen nuestros problemas.

Parece evidente que la situación de crisis actual es poliédrica, matricial. Seguramente, según la óptica desde la que mire cada quien, se valorará una maraña de causas y consecuencias con peso y significado diferente para cada sujeto, para cada grupo social. Los problemas, las necesidades, y las expectativas de los habitantes de Sudán no han de ser justamente los mismos que los de la clase media en Grecia.

Pero, ¿podemos afirmar que existen denominadores comunes en todas estas situaciones que nos permitan afirmar la existencia, ahora,  de una “crisis global”?.

Siempre y en todo lugar han existido situaciones de injusticia, de necesidad. La Historia está plagada de épocas y momentos brillantes para la humanidad junto a situaciones vergonzantes para el género humano.

Tras la segunda guerra mundial y la declaración de los derechos humanos de 1948, el orden mundial inicia un camino que busca la garantía del respeto de esos derechos humanos y el  compromiso de autocontrol estatal de los mismos, pretendiendo  caminar hacia la fraternidad mundial. Cada individuo es valioso en sí mismo, y ninguno más que otro; cada uno es portador de valores, de dignidad y de derechos para participar, para ser coprotagonista de su sociedad.

Este espíritu de progreso, de responsabilidad compartida y de transformación es el que, a mi juicio, está siendo socavado en la actualidad. Las decisiones sobre el precio de los cereales (y por tanto sobre el hambre a sufrir) en el Sahel o sobre si hay que empobrecer a Grecia para que de los bolsillos y del sufrimiento ciudadano se extraiga el capital a ¿devolver? a una banca insaciable, no están en manos del pueblo que las sufre. Al parecer, ni siquiera en manos de sus gobernantes (gobernantes que, por cierto, no habían explicitado tales acciones restrictivas en sus programas electorales, sino más bien al contrario).

Bajo estas circunstancias estamos asistiendo a un empobrecimiento material y moral de nuestra sociedad, amén de un proceso de infantilización y desresponsabilización.  Probablemente sea estéril la discusión sobre si este proceso está planificado desde una “mano negra”  de forma intencional o es fruto meramente casual del triunfo de la ideología neoliberal exacerbada frente al intento de control estatal del modelo socialdemócrata. El hecho es que asistimos entre atónitos y desesperanzados al abandono de esa vía de progreso, de respeto mutuo y de mejora de la condición humana mundial que nos habíamos trazado. Como elemento agravante, comenzamos (también no sé si de forma casual o interesada) a enredarnos en una matriz culpabilizadora: los inmigrantes, los funcionarios, los autónomos, los mineros… todo ello nos mantiene alejados del verdadero origen de nuestros males, desenfocando nuestro objetivo y logrando que perdamos el necesario impulso.

¿qué hacer?: Confiar, cooperar, respetar, recuperar la dignidad, la solidaridad y el espíritu común.

En esta situación cada uno de nosotros como individuo, cada colectivo social, debe recuperar el protagonismo. Debemos reivindicar y recuperar las riendas de nuestro destino. No debemos dejarnos engañar por el espejismo de la tecnocracia ni por la tentación de la competencia y la confrontación. Hemos sido capaces y somos capaces de ser dueños de nuestras vidas y nuestro destino. Hemos demostrado, y lo seguimos haciendo, que nos importamos como personas, que somos capaces de cooperar. Tenemos iniciativas e ideas propias, imaginación y capacidad de transformación sobrada. Sabemos que, partiendo del respeto mutuo, de la comprensión, la sensibilidad y la solidaridad podemos hacernos mejores a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

No permitamos, por tanto, que nos hagan creer y crecer en un mundo de confrontación, de competitividad, de valores materialistas e individualistas por encima del impulso del bien común.

Deberemos de hacer esfuerzos de imaginación para plantear escenarios de auto-organización, de autoayuda en todos nuestros ámbitos de relación (laboral, comunitario, vecinal…). Debemos de presentar ejemplos de modelos de convivencia y cooperación éticos que vayan tejiendo una nueva red de apoyo y organización social que sirva como ejemplo también político frente al modelo y los valores actuales.

Combinando teoría y ejemplos prácticos cotidianos, haciendo públicos, visibles, estructuradas y exportables nuestras nuevas respuestas frente a nuestros problemas… podremos contrabalancear la actual tendencia política egoísta, competitiva, fatalista.

Partiendo de la toma de conciencia de las situaciones de necesidad que existen en nuestro ámbito de proximidad, debemos promover iniciativas de ayuda mutua, de cooperación, de intercambio… De esta manera iremos mostrando y demostrando que somos capaces de redefinir una nueva forma de democracia, de implicación y participación corresponsable y directa en la solución de los problemas de nuestro entorno, de nuestros conciudadanos. Desde lo pequeño y cotidiano iremos tejiendo una red centrífuga, cada vez más compleja, de comportamiento ciudadano, político en definitiva, teñida de sentido de ética y responsabilidad.

Recuperemos el necesario protagonismo del Hombre.

Félix Igea Arisqueta-Miembro de EQUO                                                               Pozoblanco

De “gobiernos miserables” y “enemigos ocultos” (II)

Luis de Guindos, 23 de mayo 2012: “Bankia tendrá todo el capital público que necesite”. No el sistema público de salud, la educación, las pensiones, las ayudas al desempleo, la dependencia. No, para estos menesteres no hay dinero, sino recortes, pues hay que recaudar para salvar a los bancos y a los delincuentes que los gestionan. Y ¿Quién es este Sr. De Guindos? Pues nada más ni nada menos que nuestro actual ministro de economía y antes directivo de Lehman Brothers, el banco de inversión cuya quiebra inició la crisis actual. Alguien a quien a tenor de su curriculum no pondríamos a gestionar ni las cuentas de la comunidad donde vivimos. Un banquero. Como podemos ver “Las Puertas giratorias” funcionan perfectamente en nuestro país.

A estos es a los que me refiero como “enemigos ocultos”, se trata de los banqueros, que al igual que un cáncer metastático se han expandido y ocupado todos los puestos relevantes del poder, con doble cara, la pública en su faceta de político, permaneciendo oculto su origen, intereses y lealtades al sistema bancario que lo ha propulsado al puesto que ocupa. (Generalmente Goldman Sachs, la banca de inversión que está en los orígenes de la Gran Depresión del 29 y de la actual Crisis, la misma que entre otras tropelías almacena en el puerto asturiano de El Musel, situado en Gijón, centenares de miles de toneladas de carbón colombiano pagado al contado y que pretende vender en el mercado de futuros, una operación especulativa con la que espera obtener un beneficio astronómico).

Se habla de la Troika (Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) como las instituciones que “orientan” las medidas a tomar para salir de la situación crítica en la que se encuentra la Europa del Euro, y que se las “imponen” a los países que han sido intervenidos como es el caso de España.

Pero ¿Quiénes son estos organismos? Y ¿Quiénes los dirigen?

Fondo Monetario Internacional (FMI), busca fomentar la cooperación monetaria internacional, afianzar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional, promover un empleo elevado y un crecimiento económico sostenible y reducir la pobreza en el mundo entero. Fundado en 1945, es administrado por los 187 países miembros ―casi todos los países del mundo— a los cuales se supone que les rinde cuentas.

De los seis objetivos teóricos en la práctica solo se ocupa de los tres primeros que van en beneficio del capital (negrita y cursiva míos) y se desentiende olímpicamente de los tres últimos, que tratan de favorecer a los trabajadores y al medio ambiente, e incluso los datos indican que trabaja en la dirección opuesta, yendo hacia un crecimiento nada sostenible e incrementando el desempleo y la pobreza en el mundo.

Y este organismo tan “sabio”, importante y con tanto poder sobre los países y los ciudadanos de éstos, ¿quien lo dirige?

De 2004 a 2007, es decir en los años en que se gestó la terrible crisis que nos asola y cuya evitación era una de las razones de ser de este organismo, estuvo presidido por  Rodrigo Rato, ex-ministro de economía del gobierno de Aznar y hoy imputado por estafa, falsedad contable y administración desleal, entre otros delitos, en el mayor desastre bancario de nuestro país, como director de Bankia, que ha llevado al sistema bancario español a la quiebra y que ha sido el detonante de la intervención de nuestro país.

De 2007 a 2011 en que tuvo que dimitir al ser acusado de agresión sexual y violación ocupó la dirección de este organismo Dominique Strauss Kahn, candidato del partido socialista francés a las elecciones presidenciales, candidatura a la que tuvo que renunciar. El 21 de febrero de 2012 fue detenido en Lille (norte de Francia) después de que decidiera prolongar el interrogatorio el juez que instruye la investigación por un presunto caso de proxenetismo y desvío de fondos.

El Banco Central Europeo, no tiene funciones de Banco Central sino que en realidad actúa como un lobby de la Banca, prestándole cantidades ingentes de dinero al 1% para que luego los bancos lo presten a los Estados, como en el caso de España, al 5-7%  por lo que, sin necesidad de capital propio, con dinero prestado pueden ganar inmensas cantidades de dinero y además sin riesgo.

Su actual Director Mario Draghi, otro banquero con prácticas delictivas, pues cuando era vicepresidente de Goldman Sachs International, uno de los máximos responsables de la compañía en Europa, ésta asesoró a Kostas Karamanlis sobre cómo ocultar la verdadera magnitud del déficit griego. Esta ocultación del fraude condujo a la crisis financiera en Grecia de 2010-2011.

Podríamos seguir pero creo que como muestra ya tenemos suficiente.

Estos individuos, incompetentes y delincuentes son los que rodeados de la parafernalia que da el poder han estado al frente de las instituciones que nos han estado aconsejando y dirigiendo.

El otro elemento importante de lo que ocurre es la ciudadanía que con sus votos pone en el poder a partidos y personas que se dedican a defender los intereses del capital a costa de los ciudadanos en general y de los trabajadores en particular.

Las políticas públicas pueden y deben seguir otros valores que permitan vivir en una sociedad con eficiencia, justicia y sostenibilidad, sin embargo para que esto suceda la gente debe ejercer un nuevo y mayor nivel de responsabilidad política, los intereses del capital dominan nuestra política no solo porque tienen, como es obvio, más dinero, sino porque gran parte de la población general se ha desconectado de la política. Aunque los políticos y gran parte de los intereses empresariales y financieros se esfuerzan en ocultar información a la gente, muchos ciudadanos permiten que esto suceda al no hacer los esfuerzos necesarios para estar bien informados y, consecuentemente elegir políticos entre aquellos partidos que defiendan y demuestren en su práctica diaria que otro modelo de sociedad es posible.

Lamentablemente no parece que los ciudadanos vayamos en esa dirección, si miramos a Estados Unidos donde su candidato Republicano, el empresario y millonario Romney, con posibilidades de ser elegido presidente, defiende el uso de paraísos fiscales para evadir impuestos y en nuestra vecina Italia, el Sr. Berlusconi (de sobra conocido) vuelve a intentar recuperar la presidencia que le expropiaron desde la Unión Europea para poner en su lugar a Mario Monti, antiguo comisario europeo y arquitecto del desastre del euro, alguien que ni siquiera era miembro del Parlamento Europeo.

Por ahora seguimos en manos de delincuentes.

Antonio Pintor Álvarez

De “gobiernos miserables” y “enemigos ocultos” (I)

Según la Real Academia Española el término miserable tiene las siguientes cuatro acepciones:

  1. adj. Desdichado, infeliz. 2. adj. Abatido, sin valor ni fuerza. 3. adj. mezquino (que escatima en el gasto). 4. adj. Perverso, (sumamente malo, que causa daño intencionadamente), abyecto, canalla.

En mi opinión, muy influida por la indignación y desprecio que en este momento me producen nuestros gobernantes por sus actuaciones recientes, son la tercera y cuarta acepción las que mejor los definen en el momento actual.

Mezquino (que escatima en el gasto, aunque en palabras de la Sra. Vicepresidenta del gobierno sea para “Salvar a España”, lo que nos recuerda a la justificación que hace justamente 76 años esgrimió un señor bajito con bigotito llamado Francisco Franco que nos mantuvo en la edad media cultural, científica y de los derechos civiles y sociales, bajo una de las dictaduras mas criminales de la historia reciente).

Perverso (: vean la foto en la que nuestros políticos en el poder celebran las medidas con las que “machacan” a los ciudadanos más débiles).

Aunque  deseo que en breve sean la una y la dos, las acepciones que mejor los definan (1.- adj. Desdichado, infeliz. 2. adj. Abatido, sin valor ni fuerza.), pues eso significaría que se ha impuesto la razón y los delincuentes que nos gobiernan han caído en desgracia y ¡ojalá! están siendo procesados por otra justicia diferente a la que hoy tenemos.

A pesar de lo dicho y de los recientes datos de metroscopia que muestran el grado de desapego de los ciudadanos por los políticos, los cuales se encuentran al final del listado, necesitamos poner en evidencia que no son “los políticos” en general el problema, sino “estos políticos” que hoy padecemos, y que los ciudadanos hemos elegido, los que no están a la altura de las circunstancias, dada su incompetencia y mediocridad, los que están favoreciendo la pérdida de credibilidad en la democracia como sistema deseable de gobierno.

Escribía un amigo en su blog (“del breviario al vademécum”, que recomiendo por sus divertidas historias llenas de humanidad e interesantes reflexiones) “Malos tiempos para los jefes”, aún coincidiendo en sus reflexiones, considero que un problema mayor es que tenemos “malos jefes para estos tiempos”, a todos los niveles, desde los del trabajo hasta los del gobierno.

Aquí está lo paradójico de la situación, resulta que precisamente quienes resultan vitales para el sistema democrático, y no olvidemos que las democracias europeas con todos sus defectos, siguen siendo los lugares con mejor calidad de vida, los políticos, son los agentes visibles y denostados de la grave situación en la que nos encontramos y, sin embargo, otros agentes causantes y mantenedores los unos y co-responsables los otros, no suelen aparecer en el escenario de manera tan visible.

De la “Prima de riesgo” al “Riesgo de los primos”

“Se nos rompió el amor de tanto usarlo”, dice la canción. Algo similar ocurre con el lenguaje que usamos, que se va desconectando cada vez más de la realidad que pretende describir, especialmente en el aspecto emocional.

Así todos hemos oído hasta la saciedad los famosos “efectos colaterales” de la guerra de Irak, cuando en la criminal invasión se mataba a ciudadanos civiles, incluidos mujeres y niños. Una vez que conocemos el significado de los conceptos se nos puede decir que se está comunicando lo mismo, pero no es igual, la diferencia está en que de manera racional efectivamente se dice lo mismo pero emocionalmente el impacto es diferente y como sabemos el ser humano, no es un ser racional, sino emocional que posteriormente racionaliza, podemos decir que en realidad usa poco la razón.

En el asunto de la “Crisis” que nos asola y en general en los discursos de los gobernantes, desde que descubrieron lo “políticamente correcto”, se nos “informa” asépticamente, intentado no herir sensibilidades, como si fuésemos seres inmaduros, aún no suficientemente capacitados para enfrentarnos a la cruda realidad.

En esta línea de oscurantismo semántico tenemos la famosa “Prima de riesgo”, cuyo concepto es la diferencia de interés que tienen que pagar los estados con respecto al que paga Alemania por los prestamos que reciben de los bancos y personas muy ricas, o sea por los que tienen el dinero, hoy llamados “mercados”. Puesto que esa diferencia no es fruto de ningún esfuerzo añadido, sino que según nos dicen se debe al riesgo que corren al prestarle a esos países y puesto que todos sabemos por los hechos empíricos de los últimos años que “ellos” no corren ningún riesgo, ya que los Estados han asumido dejar a la población y al patrimonio estatal en la miseria antes que dejar de pagar, incluso lo han incluido como obligación Constitucional, sería mas justo y transparente hablar de usura, usureros e intermediarios entre ambos.

Aunque el término usura se puede aplicar a cualquier tipo de interés que se cobre por lo prestado, es obvio que conlleva una connotación peyorativa en el sentido de interés abusivo. Si conocemos como obtienen el dinero los bancos privados (el último movimiento ha sido traspasar el Banco Central Europeo medio billón de euros al 1%), creo que no es exagerado calificarlos  de usureros, pues lo han prestado al 5%. En definitiva sería más esclarecedor hablar de la usura de los bancos y resto de inversores como uno de los problemas, no el único por supuesto, para resolver la deuda de los Estados.

Con “el riesgo de los primos” quiero llamar la atención a la situación de pobreza que la aplicación de las políticas neoliberales está llevando a la mayoría de la población en beneficio de la minoría rica. Sin embargo quisiera eliminar la connotación victimista para exigir la parte de responsabilidad que les corresponde. Desde el punto de vista ético no se puede dar el voto a políticos que aplican una política a favor de los poderosos y salir limpio de responsabilidad, todos tenemos la obligación de informarnos antes de tomar una decisión a la hora de votar y podremos equivocarnos o ser engañados por personas en las que confiamos, en el primer caso intentaremos corregir el error y en el segundo reprocharemos el engaño, pero de ninguna manera podemos excusar nuestra responsabilidad.

No olvidemos que, Hitler, el mayor genocida de la humanidad llegó al poder elegido por el pueblo, ese pueblo que después se escandalizó de los crímenes pero que no fue capaz de verlos  mientras ocurrían, que era cuando se podía haber hecho algo para ayudar a las victimas.

Finalmente quiero señalar a los intermediarios y facilitadores necesarios para poder llevar a cabo la usura que venimos denunciando. Son los políticos que hoy nos gobiernan, ellos diseñan y aplican las reglas que permiten el expolio de los ciudadanos a favor de los poderosos, políticos que por otra parte no representan ni defienden a la población que gobiernan sino a los poderes económicos que los apoyan y a los que se deben.

Es necesario apoyar otra manera de hacer política y a otros grupos que estén comprometidos con la población y el ecosistema y no con los poderosos.

Apoyemos a Equo como manera de cambiar la sociedad en beneficio de la mayoría de los ciudadanos pues aunque aún seamos pocos como dijo la antropóloga Margaret Mead: “No dudemos jamás de que un pequeño grupo de individuos conscientes y comprometidos puede cambiar el mundo. Es así como ha ocurrido siempre.

Antonio Pintor Álvarez , Miembro de EQUO Córdoba