A DESALAMBRAR

Este el nombre de una plataforma ciudadana cordobesa que, desde hace ya más de una década, viene luchando por reclamar la apertura de los caminos públicos que muchos propietarios de fincas han ido cerrando con sus alambradas o cancelas para evitar el uso público de los mismos. Caminos que históricamente han sido transitados y utilizados como vías de comunicación entre poblaciones, comarcas, etc., y que tras el trazado de las nuevas carreteras han ido decreciendo en transeúntes pero no en interés y en dominio público, ya que nos pertenecen a todos, a nuestros respectivos Ayuntamientos. Interés, por otra parte, que en los últimos años se está recuperando notablemente por el creciente deseo de la ciudadanía de poder acceder y disfrutar de los entornos naturales que rodean nuestras poblaciones. Siendo este el motivo de que dicha plataforma no cesa en sus reivindicaciones frente a los Ayuntamientos o Administraciones Publicas competentes para que protejan y conserven convenientemente este patrimonio que es de todos frente a quienes de hecho, que no de derecho, pretenden apropiarse de su utilidad confiriéndole el carácter de privado.

Pues bien, del mismo modo que nos han ido imposibilitando el acceso a los mencionados caminos, quedando cada vez más reducidos nuestros legítimos derechos a transitar por los espacios naturales de nuestros municipios, podría decirse, alegóricamente, que en los últimos años nos están colocando un sinfín de nuevas alambradas que nos impiden acceder a lo que, públicamente, era reconocido como derechos de la ciudadanía. Como el derecho a una sanidad y una educación pública, universal y gratuita, a las ayudas a la dependencia, a unas pensiones y salarios mínimos mínimamente dignos, etc. Alambradas que van acotando los espacios públicos a favor de los privados. Y del mismo modo que el disfrute de los espacios naturales se está delimitando para el uso exclusivo de los propietarios de las fincas por donde discurren los caminos, la sanidad, la educación y otros tipos de servicios y derechos básicos se van delimitando a favor de quien pueda pagarlo.

En definitiva, el espacio de lo privado aumenta en detrimento de lo público, cercenando, con sus alambradas físicas o figuradas, los legítimos accesos que cualquier ciudadano debe de tener a su alcance para poder desarrollar una vida mínimamente digna. Sobra decir que lo público nos concierne a todos y que el alcance y medida de su ámbito ofrece un claro reflejo del tipo y modelo de sociedad que estamos construyendo y la clase de valores que se priorizan en ella. Como el nivel de homogeneidad, solidaridad, justicia social o preponderancia del bien común. Mientras que la encarnecida defensa de lo privado, que suele ser postulada por quienes gozan de un mayor patrimonio material, hace prevalecer el interés individual al colectivo, la defensa de lo particular frente a lo común y la supremacía del desequilibrio social sobre la equidad.

Pues bien, dado que acabamos de entrar en un año eminentemente electoral, en el que, a través de nuestro voto, expresaremos el tipo de política con el que queremos ser gobernados y el modelo de sociedad que deseamos otorgarnos, es el momento perfecto para decir con toda claridad “NO”. No queremos continuar por éste impuesto camino acotado por opresoras alambradas que constriñen nuestro espacio vital y que, como reses condenadas a su resignado destino, nos conducen a esos precipicios por los que suelen rodar las vidas de los que no se pueden permitir estar al otro lado de la alambrada. Ese otro lado donde vuelve a reinar, como un renacido señor feudal, lo privado. NO, no más cotos privados con las mejores dehesas, manantiales y arroyos, mientras al ciudadano de a pié tan sólo le dejan la tierra reseca y baldía. NO, no más malgastar el pasto de todos para la crianza de esos insaciables cerdos a los que nunca les llega su San Martín. Y NO, nos más caminos usurpados al pueblo para el exclusivo disfrute de quienes, con sus alambradas, pretenden detener nuestros pasos y atrofiar nuestros músculos para que se nos olvide caminar.

Es hora de desentumecer nuestros pies, colocarnos nuestro mejor calzado y echarse a andar por todos los caminos que pretenden arrebatarnos. Y, con el poder de nuestras voces, de nuestros votos, construir una gigantesca tenaza con la que cortar todas las alambradas que pretendan detener nuestro avance.

Ahora, más que nunca, ha llegado la hora de “A DESALAMBRAR”.

José Moral, simpatizante de EQUO

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