La protesta silenciosa

(Artículo publicado en la revista Adarve de Priego de Córdoba)

Desde que surgió el 15 M, muchos ciudadanos están en las calles luchando por un cambio radical, que es urgente, pues el sistema económico, político y social actual ha fracasado. Pero estos ciudadanos ven con desesperanza que, aunque son muchos no se les une más gente y no obtienen resultados a corto plazo. Los poderes, que están acomodados en una sociedad en ruinas, intentan poner puntales para que no se derrumbe y evitan que otras personas construyan los cimientos de una nueva sociedad más justa.

Nuestro actual gobierno sigue las directrices que marcan los grandes poderes económicos (bancos, eléctricas, multinacionales…) y gobierna en contra de los ciudadanos. Todos los gobiernos anteriores también lo hicieron, pero las directrices que les marcaban eran diferentes. Había que crear un estado de bienestar ficticio e inflarlo, para después reventarlo.

Desde siempre las protestas ciudadanas han sido calladas mediante la represión, el desprecio de las ideas que se defienden o la manipulación informativa. Ahora se quieren callar mediante el apoyo que el gobierno siente porque una mayoría silenciosa se queda en casa. Este argumento es  tan ridículo como decir que a la mayoría no le gusta la música ni el fútbol porque no va a los conciertos ni a los estadios.

Cada vez hay más gente que protesta cambiando sus hábitos de vida en una dirección que no gusta a los lobbies que controlan gobiernos y bancos. Pero, para nuestra desgracia, se han dado cuenta rápidamente de que hay una gran protesta silenciosa y que hay que frenarla.

¿Consumir hasta morir o vivir mejor con menos?

 Una de las formas de protesta es reducir el consumo y dirigirlo hacia donde cada persona le interesa. No se trata de sentirse insatisfecho o de gastar menos porque gano menos, pues eso es vivir peor con menos. El “vivir mejor con menos” es saber disfrutar de actividades en las que no estés ganando ni gastando dinero, es conseguir una reducción en las horas de trabajo para tener más tiempo con la familia, es consumir racionalmente pocos productos y de calidad que se adapten a nuestras necesidades y aficiones.

Por razones muy diversas nos hemos dado cuenta que la vida frenética que llevamos acaba con nuestro bolsillo y con nuestra salud. Esta sociedad de consumo no beneficia ni a nuestro planeta, ni a los países pobres. Además ahora ha llevado a muchas personas de nuestro país al desahucio, al paro o a la exclusión social.

Para vivir mejor con menos podemos tratar de producir nuestra propia energía. Esta forma de protesta silenciosa ya se ha frenado con el pago del peaje a las eléctricas por verter energía a la red. Algo que antes se incentivaba ahora se agrava.

Entonces trataremos de gastar menos luz y así nos ahorramos un dinero. Pues nada, el gobierno aprueba que se incrementen la parte fija de la factura de la luz, tendiendo cada vez más a tener una tarifa plana. Se hablaba antes de ahorrar energía y ahora tratamos de gastar más para mantener abiertas centrales térmicas o nucleares.

Si han reprimido el autoconsumo de energía, podemos pensar que pronto reprimirán el autoconsumo de alimentos y el trueque de servicios. Pues estas son otras formas de llegar al decrecimiento económico a nivel familiar. Este decrecimiento es totalmente necesario a escala planetaria y es la única salida posible hacia un mundo más justo.

Por último cito una frase, con la que no estoy de acuerdo, pero que nos puede llevar a reflexionar: “Buscar la belleza es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”.

Francisco Povedano Aguilera

Simpatizante de EQUO

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