La destrucción del entorno natural de Córdoba

El entorno natural de Córdoba debería ser uno de nuestros orgullos, ya que pocas capitales hay en España que puedan presumir de situarse entre una sierra muy bien conservada, con lugares donde la vegetación y la fauna son de gran valor, y una vega fértil que permitía el cultivo de excelentes productos, y que también permitiría una sana interrelación entre la ciudad y el campo cultivado.

Sin embargo, desde hace tiempo pero cada vez con más velocidad, Córdoba como ciudad y los distintos dirigentes que ha tenido como responsables directos, han tenido un desprecio absoluto a nuestro entorno natural, que han dejado, si ha habido suerte, totalmente abandonado, cuando no lo destruyen totalmente, o bien planificadamente, o bien dejando con la inacción que lo destruyan.

Esta opinión es mía, pero los datos son indiscutibles.

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Tabla 1: Evolución del uso del suelo en el término municipal de Córdoba (clic para ampliar).

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Tabla 2: Evolución del uso del suelo: zonas edificadas, infraestructuras y equipamientos (clic para ampliar).

Según la Estadística de Usos del Suelo en Andalucía (Tabla 1), en el término municipal de Córdoba había 4.434 hectáreas edificadas. Cuatro años más tarde, en 1995, ya eran 5.087. Por tanto había habido un incremento del suelo edificado del 13% solo en cuatro años. En ese mismo periodo la población había pasado de 302.154 habitantes a 306.254, un 1% de incremento de la población.

Para 2.007, último año del que se dispone de datos, la población había crecido a 323.600 habitantes, un incremento del 7% en estos 17 años. En cambio, el suelo edificado había crecido ¡un 55%! Ya que ahora eran 6.892 las hectáreas edificadas. Es decir, en 17 años ocupamos más de la mitad de lo que se había ocupado de terreno en los más de 2.000 años que tiene Córdoba de historia, para solo un 7% más de habitantes.

Pasamos de tener 147 metros cuadrados edificados por persona a tener 213 metros cuadrados edificados por persona. De todas estas hectáreas, solo se ha incrementado la ciudad consolidada, el tejido urbano, en 333 hectáreas (Tabla 2). En cambio, las urbanizaciones han aumentado en casi 1.300 hectáreas, siendo por tanto la gran causa del aumento de suelo urbanizado, aunque sin desdeñar el aumento en carreteras, que es de más de 500 hectáreas.

Al mismo tiempo se han perdido casi 5.000 hectáreas de suelo agrícola, que se puede asegurar, aunque no tengamos el dato, que ha sido fundamentalmente en la Vega, habiendo quedado así reducida a un papel casi testimonial.

Se ha producido así un crecimiento de la urbanización de baja densidad, tanto regulada como irregulada, que ha provocado que, frente a un casco urbano bastante compacto y que podría calificarse casi de modélico, tenemos una periferia absolutamente desordenada y consumiendo una cantidad de suelo. Suelo que además era una parte de un gran valor natural y otra parte era una garantía de abastecimiento propio que esperemos que no tengamos que echar de menos.

Los números no mienten, pero gráficamente se puede ver mejor la evolución. En 1.957 el suelo urbanizado poco difería con el que podía existir mucho tiempo atrás, salvo una incipiente urbanización del Brillante, y en el extrarradio los pequeños núcleos de  Alcolea, Villarrubia, Cerro Muriano, Encinarejo o el Veredón de los Frailes. Lo demás era campo.

Trasladándonos al comienzo de las cifras que dimos anteriormente, 1.990, vemos como ya hay bastantes zonas urbanizadas, tanto en la Sierra como en la Vega, aunque aún son núcleos aislados, si bien de gran tamaño algunos. Si nos vamos al final de la serie, 2.007, ya es el terrenos urbanizado el que predomina totalmente en la Vega, formando un continuo urbanizado, y de forma más dispersa, pero también muy importante en algunas de la Sierra, como el triángulo que forma Córdoba con Trassierra y Las Jaras.

¿Cómo se ha producido esto? Por un lado está la tolerancia del ayuntamiento hacia las parcelaciones, que conlleva el desprecio hacia las normas que el propio ayuntamiento aprobaba. Así, ya en el PGOU de 1.986, es decir, antes del gran crecimiento, se reconocían bastantes parcelaciones, y ya se convertían en suelo urbano muchas de ellas: Higuerón Bajo, La Felipa, Cuevas de Altaza, Trassierra, Doña Rosita, El Sol, Valenzoneja, El Cruce o la parte de Las Jaras que no eran suelo urbano, y se calificaban como urbanizable Encinares, Torreblanca, La Colina, Doña Manuela, La Perseverancia y Los Llanos de Arjona. En total, casi 3.600 viviendas.

A su vez, se daba carta de existencia, pero sin poder crecer, teniendo la condición de urbanizable, a otras parcelaciones, como La Casita del Aire, La Torrecilla, La Gitana, La Atalayuela, Quemadillas, Porrillas y Campiñuela.

El grueso de parcelaciones de la Sierra, como Las Siete Fincas, Virgen de la Cabeza, El Jardinito, El Negrete, Melgarejo y Las Solanas del Pilar, se consideran no tolerables, y se dictamina que se procederá a todas las construcciones auxiliares y cercados.

Por supuesto, se prohíbe la  construcción de cualquier otra urbanización fuera de lo ya aprobado. A la vista está que lo aprobado quedó en papel mojado y el ayuntamiento decidió incumplir su propia ley en los 15 años de vigencia de este plan.

El Plan de 2.001 prácticamente repitió los reconocimientos y volvió a ser tajante en la prohibición de saltarse la norma, con los resultados ya conocidos.

Esto ha sido el incumplimiento, la dejadez. Pero a la vez también ha habido un crecimiento planificado absolutamente demencial, especialmente en el desarrollista PGOU de 2.001, en que se aludía a que el crecimiento de las parcelaciones era debido a una gran demanda de suelo en terreno rural a la que había que dar respuesta, olvidando así totalmente el objetivo planificador. Pues ni lo uno ni lo otro. Además de que se planifican muchísimos barrios en terrenos, algunos de gran valor, se sigue permitiendo el desarrollo irregular, llegando a la situación que hemos visto.

Como la visión general no impide dar ejemplos concretos, hemos seleccionado algunos casos que ilustran este proceso irracional.

El primero, la Urbanización Las Jaras, único ejemplo de urbanización construida de forma más o menos legal desde el principio. En 1980 apenas había algunas casas dispersas. En 1.986 el PGOU aprueba la construcción de 850 viviendas, en un entorno de alto valor natural. En 2.001 el PGOU aprueba 2.313 viviendas; multiplica casi por cuatro el número de viviendas. Gran parte de ellas aún no se ha construido, por lo que aún no somos conscientes de lo que llegará. Este número de viviendas representa unos 7.000 habitantes, es decir, un pueblo de tamaño medio dentro de la provincia, sin planificación ninguna de infraestructuras y con muy malas comunicaciones con el núcleo principal.

Las parcelaciones al norte de Alcolea, El Sol, Encinares, Valenzoneja. Ya en 1.980 se había construido una buena zona construida, por lo que en 1.986 se prevén 786 viviendas. La previsión se vería exagerada, porque todavía en 2.001 solo se habían construido 539 viviendas. Sin embargo, a pesar de que aún quedaban bastantes viviendas programadas, el PGOU de 2.001 amplía el área urbanizable, con el agravamiento de que donde solo había chalets con una densidad baja se aprueban adosados, que hacen el impacto paisajístico aún mayor.

Otro caso  especialmente dañino es el de la zona de la Carrera del Caballo. Suelo de Especial Protección convertido en el año 2001 en urbanizable, con la excusa ya conocida de la gran cantidad de terreno construido que hay alrededor. Pero sumando las parcelaciones pre-existentes, y ya con intención de ser legalizadas, sumaban 531 habitantes en 2.001. Hoy en la zona son 2.063 habitantes, que aún crecerán, formando otro núcleo de población de buen tamaño.

Qué decir de la zona de los Baños de Popea, el TR-2. Uno de los enclaves de más belleza paisajística de Córdoba, que ahora se rodeará de una urbanización de 233 viviendas.

Dentro de la parcelación irregular, si hay un ámbito que destaca es la zona del Aeropuerto, por muchos motivos: ámbito no urbanizable, y en donde hasta 1.986 apenas se había construido. Gran parte de los terrenos son inundables, y además afectados por la cautela de la posible ampliación del aeropuerto. Sin embargo, para el año 1.998 ya tenemos una buena parte de los terrenos urbanizados, pero continuando la urbanización después y especialmente la zona que posteriormente se inundaría. Con la consecuencia del dispendio que supusieron las expropiaciones para la ampliación del aeropuerto, pagando suelo rústico a precio de urbano. Dinero que ha sido doblemente malgastado porque como era de prever la ampliación era una inutilidad absoluta.

La borrachera planificadora de 2.001 todavía no ha perdido sus efectos, y en estos momentos estamos viendo como se destruyen ante nuestros ojos unos terrenos de gran valor ambiental, en las urbanizaciones El Carmen, Quitapesares y Pretorio, a los que se unirán otras, con desprecio al patrimonio natural, cultural y caminero, haciendo así que la mancha roja se siga extendiendo como un cáncer.

Es difícil saber si se puede hacer algo por los terrenos que ya están en el Callejón de la Muerte de su urbanización. Pero sí es absolutamente necesario que los cordobeses no repitamos esta aberración, y le demos a nuestro suelo natural el valor que se merece, impidiendo la urbanización, ni de forma legal ni ilegal, de un solo metro cuadrado más de terreno natural, mientras que no sea imprescindible, y cuando así sea, que sea en el lugar donde menos daño pueda hacer y más eficiente sea su urbanización, y no donde el promotor privado pueda sacar más dinero.

Mapa 1

Mapa 1: Suelo construido en 1.957

Mapa 2

Mapa 2: Suelo construido en 1990

Mapa 3

Mapa 3. Suelo construido en 2007

 Manuel Trujillo Carmona

2 comentarios

  1. Magnifico artículo Manolo, expuesto con gran conocimiento y rigor, motivo por el que, su contenido, debería alarmarnos a todos.
    Te felicito.

  2. Felicidades Manuel, creo que analizas una situación demencial para nuestra sierra.

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