No puede ser otro primero de Mayo sin más

Tradicionalmente se venían escribiendo artículos sobre el primero de Mayo y las fiestas de los/as trabajadores/as como un hecho histórico traído  cada año al presente, con el fin de celebrar el inicio de un proceso de liberación de la clase trabajadora. La martirología obrera nos recordaba de dónde partimos y las cotas de bienestar alcanzadas. Eran otros, países del tercer mundo, los que aguardaban su liberación y los que conmovían nuestra solidaridad.

Hoy, y con más cinco años de crisis en la eurozona, la clase obrera Europea y más concretamente la del sur de Europa asiste a una realidad nueva: la modificación de los parámetros que sedimentaron en su día el estado del bienestar: la depuración de los derechos sociales y la apuesta decidida por el adelgazamiento de lo público. O dicho de otra manera, a la victoria de Adam Smith, “dejar hacer, dejar actuar”. Todo se puede y se debe mercantilizar. Hemos pasado de “refundar el capitalismo” que era  grito de los primeros momentos de la crisis (allá por 2007-2008), a la solución de “más capitalismo” en la actualidad.

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Un  poder político europeo supeditado a los dictados del poder económico sin capacidad de ser contrapoder a éste. Sector inmobiliario en quiebra y arrastrando a todo lo relacionado con él. La liquidación del sector financiero no privado y por lo tanto de la posibilidad de articular una alternativa financiera pública. Unos sectores productivos sujetos a la especulación de los denominados mercados que anteponen la economía especulativa (financiera y bursátil) a la economía real, aquella que satisface la necesidad de los ciudadanos/as… Y todo ello dentro del marco socio-político de estados incapaces de hacer frente a estas situaciones y que sufren en su interior las presiones sociales de sus poblaciones. Fenómenos como la pérdida de apoyo de los partidos políticos tradicionales, los movimientos contra los desahucios, o el robo sobre las preferentes, son algunos ejemplos del dramatismo de la situación que viven las clases más populares de la sociedad.

En un contexto de destrucción de lo público, de una sociedad adormecida en el consumismo, del desprestigio de Instituciones de la sociedad española: desde los escándalos de la Corona a los innumerables casos de corrupción político-empresarial, es necesario crear un marco de relaciones laborales que responda al nuevo orden propuesto.

La reforma laboral es sólo un hito más en el ataque global a las clases trabajadoras que junto a las políticas de recortes en educación y sanidad, principalmente, cimientan un rejuvenecido sistema capitalista que lejos de renunciar a sus esencias, profundiza en ellas. Se trata de precarizar las relaciones laborales en beneficio del más fuerte: el capital. Es sintomático que 2012 haya sido el primer año desde la instauración de la democracia donde las rentas de capital han superado a las rentas del trabajo.

A un año vista de su implantación, la reforma laboral ha conseguido: aumentar el número de despidos, la contratación sigue siendo eventual y la precariedad laboral se implanta con pérdidas incluso salariales. Los datos son elocuentes y no admiten discusión: el desempleo alcanza los 400 despidos por día y con cada caída de una décima del PIB son más de 70.000 los empleos destruidos (baste recordar que en 2011 la destrucción no llegaba a los 35.000 empleos por cada décima de caída del PIB). Es decir, es el mercado de trabajo quien realmente esta soportando las consecuencias de una crisis que ni creó, ni administra. Frente a ello, insisto, las rentas de capital superan por primera vez a las de trabajo.

Queda demostrado que en momentos de recesion económica, la reforma laboral no es instrumento adecuado para mejorar la situación más dramática generada: el desempleo. Pero ¿realmente la reforma laboral quería crear las condiciones para afrontar la crisis? ¿O más bien se trataba de aprovechar las circunstancias para limitar las condiciones sociales y laborales de los/as trabajadores/as? Todo parece indicar que es esto segundo, pero debemos hacer una apuesta por un cambio cualitativo que recoja el desarrollo económico en sectores no especulativos como p.ej. la agricultura ecológica (sector primario), desarrollo de energías alternativas y de su tecnología (sector industrial), o una propuesta ajustada y progresista de sectores relacionados con la cultura, servicios sociales, la educación y/o la sanidad (sector servicios). En definitiva, una apuesta por sectores que alejados de los centros especulativos, responda a las necesidades reales de los/as ciudadanos/as y actúe de forma responsable ante sus grupos de interés: clientes, proveedores y trabajadores/as, dicho en términos económicos. Ante los ciudadanos/as, en términos socio-político democráticos.

Una sociedad justa, equilibrada y moderna exige elevar los niveles de protección social para los/as más desfavorecidos/as, necesita unas bases sólidas y universales en educación y sanidad. Necesita una apuesta por el trabajo como forma de desarrollo de las capacidades y habilidades individuales sin situaciones de precariedad, llega el momento de plantearnos el reparto del trabajo disponible como una necesidad. Necesitamos ante todo un modelo social que anteponga a los/as ciudadanos/as a los intereses del capital y mercados.

Este primero de Mayo no puede ni debe ser un primero de Mayo más, debemos aspirar a elaborar, a reivindicar un modelo distinto. Un modelo cualitativamente distinto y por ello sostenible.

Pepe Navarro.                                                                                                             Miembro de EQUO

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