Yo compro en mi barrio, no en grandes superficies

Recientemente la Junta de Andalucía ha autorizado una modificación del Plan General de Ordenación Urbana de Córdoba que afecta a una extensa zona colindante con la carretera de Trassierra y que, entre otros objetivos, reserva unos 12.500 metros cuadrados para instalar una gran superficie comercial. Sería una más a sumar a la lista de centros comerciales, hipermercados y grandes superficies que en las últimas décadas se han ido instalando en la periferia de nuestra capital y de todos los municipios importantes de la provincia. Todos ellos pertenecen a grandes corporaciones nacionales o internacionales con fuerte capacidad económica y gran influencia en los poderes públicos. De hecho, las administraciones locales y autonómica apoyan sin reservas estos grandes proyectos que obligan, en muchos casos, a recalificar el uso de terrenos agrícolas y a realizar costosas inversiones en infraestructuras viarias y de transporte que sufragamos todos los contribuyentes.

Centro comercial junto a ronda urbana: Un binomio fatal entre gran superficie y coche

Centro comercial junto a ronda urbana: Un binomio fatal entre gran superficie y coche

Las grandes cadenas comerciales representan un modelo económico que concentra cada vez más la riqueza en pocas manos, que incita al consumismo desbocado con su maquinaria de publicidad y promoción, que impone precios y condiciones a los productores de alimentos y materias primas. Favorecen la deslocalización económica vendiéndonos productos traídos desde lugares remotos y llevándose los beneficios a las sedes de sus consejos de administración. Por añadidura, los puestos de trabajo que crean, tan aireados por las compañías y aplaudidos por los políticos locales, suelen ser precarios y muy inferiores al número de puestos que destruyen indirectamente. En los últimos cinco años, los pequeños comercios han perdido un tercio de sus ventas y un número creciente de ellos se han visto abocados a cerrar. ¿Qué haremos cuando cierren la cristalería de la esquina y ya no podamos reponer allí el cristal de ese cuadro que se rompió o cuando tengamos que tomar el coche para comprar urgentemente a nuestro hijo el cuaderno que la maestra pidió para mañana?

Podemos y debemos cambiar esta tendencia favoreciendo a las pequeñas empresas que constituyen el 95 por ciento de la actividad empresarial y profesional andaluza, que garantizan una mejor distribución del trabajo y los beneficios, revirtiendo la inversión en nuestra propia tierra. Comprando en las tiendas de barrio propiciamos un modelo de comercio de proximidad que contribuye al sostenimiento de nuestros vecinos. Al mismo tiempo estamos apoyando el resurgimiento económico y social de los barrios con criterios de autosuficiencia y accesibilidad en el marco de relaciones convivenciales más humanas y ecológicas. Optando por los productos locales, por los elaborados artesanales, por los establecimientos familiares, por los servicios de profesionales autónomos, favorecemos la consolidación y creación de empleo digno y estable.

Quizás no seamos suficientemente conscientes del enorme poder que los ciudadanos poseemos en tanto que consumidores. Cada día tenemos la capacidad de decidir el destino de muchos millones de euros. Podemos hacerlo de forma rutinaria o compulsiva, siguiendo adocenados los reclamos publicitarios, o ejercer ese poder de forma responsable, crítica y solidaria. Las consecuencias están en nuestra mano.

Diego Rodríguez Villegas. Coportavoz de EQUO en Córdoba.

Deja una respuesta